Las esperas a veces son demasiado largas, sobre todo cuando no se obtiene respuesta.
Llevar un registro de actividades es importante, sobre todo para saber cuántas respuestas tienen que llegar y cuántas lo harán finalmente.
Los días pasan sin que nos demos cuenta, ya casi asoma febrero y sigo sin poder tomar ciertas decisiones, por el miedo, la incertidumbre y el no saber.
Tomar decisiones a veces es demasiado fácil. El disfrutar de la incertidumbre es para no caer en la desesperación.
Lo malo de estudiar idiomas es que aprovechan el principio de año para practicar esas formas verbales que se ven implicadas en los propósitos de año nuevo. Yo nunca tengo propósitos, enero sólo es una medida de tiempo. Y todos los años me hacen plantearme qué quiero cambiar o tener nuevo este año en mi vida.
Lo malo es ponerte a pensar qué tienes y por lo tanto, qué quieres cambiar.
Desde siempre he creído que para escribir, da igual bien o mal, lo único que hace falta es tener algo que decir, algo que sentir y algo que querer explicar. Con los años te das cuenta de todo lo contrario, lo fácil es rellenar hojas con garabatos y aporrear el teclado cuando tienes la mente vacía y te permites el lujo de pensar, soñar y sentir lo que quieres.
A veces pasan muchas cosas en poco tiempo, o las cosas muy deprisa, tanto que apenas tiempo de asimilarlo y sólo quieres actuar.
Y ahora me encantaría poder explicarlo, pero a pesar de tener tanto que decir, no encuentro las palabras, sólo esa extraña sensación de que vaya donde vaya, ésto no hay quien lo pare.
Ha vuelto a pasar, no sé cómo lo he hecho pero todo es otra vez igual. No me he dado cuenta y ya es otra vez Navidad, la sensación de que el tiempo pasa tan veloz que no me doy ni cuenta pero con la certeza de aprovechar cada mes al máximo, todo lo que pude, todo lo que puedo.
No voy a resumir el año ni voy a hacer propósitos de año nuevo. No voy a enorgullecerme con lo que ha pasado ni a lamentarme por lo que se ha quedado en el tintero, el cambio de año es un puro trámite, aunque sé con certeza que enero siempre acaba siendo el punto de inflexión.
Y espero que, a pesar de ese momento de inflexión, ciertos momentos se repitan una y otra vez.
No es nuestra culpa el echar de menos lo que no tenemos. Pasar los veranos en la piscina echando de menos la nieve y ponernos la bufanda echando de menos las tardes de calor, leyendo tumbada en la hamaca.
Supongo que es por eso, por la simple manera de ser, por la que siempre echamos de menos y valoramos cuando ya no tenemos.
Pero ésta vez, aunque el invierno sea más frío que nunca, los disfrutaré sin pensar en los meses de verano.
Ellas tienen su rarezas, sus peculiaridades. Son especiales por lo que son, no por lo que tienen ni por lo que hacen. Lo importante a veces, es con quién lo hacen.
Si me pusiera a pensar, recordaría más de un momento de reír hasta llorar y otros tantos de lágrimas y abrazos.
Puede ser bueno o malo, pero siempre me queda lo que es, lo que son y lo que tienen que ver conmigo.
Y siempre les estaré agradecida por hacerme lo que soy, por enseñarme a ser y, por supuesto, por compartir todos y cada uno de los momentos.